Política
Prospectiva 2025: La Intersección Crítica entre Seguridad Energética, Tecnología y Política Pública
29 de diciembre de 2025
Introducción: La falsa calma del cierre de año
Diciembre suele interpretarse erróneamente en el ámbito corporativo y gubernamental como un periodo de desaceleración. Si bien las actividades administrativas y burocráticas pueden entrar en pausa, la realidad operativa de la infraestructura crítica cuenta una historia muy diferente. El final del año representa una de las pruebas de estrés más complejas para los sistemas energéticos y tecnológicos globales. Mientras la atención pública se vuelca hacia las festividades, los operadores de red (TSOs) y los gestores de infraestructura digital enfrentan picos de demanda atípicos, mantenimientos programados de alto riesgo y la presión de cerrar presupuestos de política pública para el año entrante.
Este periodo actúa como una radiografía del estado real de nuestra infraestructura. Las bajas temperaturas en el hemisferio norte tensionan la generación térmica y las redes de gas natural, mientras que el consumo masivo de datos y comercio electrónico pone a prueba la latencia y redundancia de los centros de datos. No es un momento de descanso, es el momento donde la falta de inversión en redundancia y la obsolescencia de la red se hacen evidentes. La “magia” de que las luces se mantengan encendidas y las transacciones digitales fluyan es, en realidad, un ejercicio de ingeniería y despacho de carga llevado al límite.
El contexto actual para el cierre de 2025 es particularmente volátil. Nos enfrentamos a una convergencia de factores: una penetración de renovables intermitentes más alta que nunca, una red de transmisión que no ha crecido al ritmo de la demanda y una política pública que, en muchas jurisdicciones, sigue reaccionando a la coyuntura en lugar de planificar a largo plazo. Analizar lo que ocurre en estas semanas no es solo un ejercicio de balance anual, sino la base indispensable para entender los retos de seguridad nacional y competitividad industrial que definirán el próximo ciclo fiscal.
Por qué importa y por qué ahora
La relevancia de este análisis radica en el cambio estructural de la demanda. Hace una década, los picos de consumo eran predecibles y estaban ligados casi exclusivamente a la actividad industrial y la climatización básica. Hoy, la variable tecnológica ha alterado la ecuación. La economía digital no toma vacaciones. Los servidores que entrenan modelos de Inteligencia Artificial (IA) y soportan la nube requieren energía constante, 24/7, con una calidad de potencia (frecuencia y voltaje) impecable.
Importa ahora porque estamos en la antesala de la definición de presupuestos públicos y privados para 2026. Las decisiones que se toman en los consejos de administración y en los ministerios de energía durante estas semanas determinarán si los países podrán soportar la ola de electrificación que viene (vehículos eléctricos, nearshoring, digitalización) o si enfrentarán cuellos de botella que frenen el crecimiento. Ignorar las señales de alerta que emite la red durante los picos invernales es garantizar crisis operativas en el verano siguiente.
Además, la geopolítica energética no se detiene. Los inventarios de gas natural, la disponibilidad de minerales críticos para baterías y la seguridad de las cadenas de suministro de componentes eléctricos (transformadores, interruptores) se evalúan al cierre del año. Un país que llega a enero con sus reservas energéticas mermadas o con su infraestructura de transmisión saturada pierde capacidad de negociación y soberanía frente a sus socios comerciales.
El mito de la “Lista de Deseos”: Qué es y qué no es la planificación de infraestructura
Es común que, en estas fechas, se publiquen planes nacionales o corporativos que parecen más una carta de buenas intenciones que una hoja de ruta técnica. Es crucial distinguir entre la retórica política y la realidad física de los sistemas.
Qué no es una estrategia energética y tecnológica:
No es un anuncio de metas de descarbonización a 2050 sin un plan de inversión (CAPEX) asociado para los próximos 12 meses.
No es la inauguración simbólica de plantas de generación si no existen las líneas de transmisión para evacuar esa energía hacia los centros de consumo.
No es la promesa de “soberanía tecnológica” si no se invierte en educación STEM y en infraestructura de fibra óptica y 5G robusta.
Qué sí es:
Es la asignación de recursos para la modernización de la red de distribución (Smart Grids).
Es la implementación de marcos regulatorios que permitan el almacenamiento de energía (BESS) para gestionar la intermitencia.
Es la ciberseguridad aplicada a la infraestructura crítica (OT), protegiendo las subestaciones y los centros de control de ataques que suelen aumentar en periodos vacacionales.
Ventajas de una infraestructura resiliente
La materialización de una estrategia correcta durante la transición de año ofrece ventajas competitivas inmediatas. La primera es la certidumbre operativa. Para la industria manufacturera y tecnológica, saber que la red eléctrica no parpadeará durante los picos de demanda invernal permite mantener flujos de producción continuos y evitar mermas costosas. La estabilidad de la red es, hoy en día, uno de los principales factores de atracción de Inversión Extranjera Directa (IED).
La segunda ventaja es la eficiencia del capital. Una red optimizada y digitalizada permite diferir inversiones faraónicas en nueva generación mediante la gestión de la demanda. Utilizar software y analítica de datos para equilibrar cargas durante las festividades o los picos de frío es mucho más barato que construir plantas de energía que solo se usarán unas pocas horas al año.
Finalmente, existe una ventaja política y social: la gobernabilidad. Los apagones y las caídas de servicios digitales en fechas sensibles generan un descontento social inmediato y erosionan la confianza en las instituciones. Garantizar el suministro es la base silenciosa de la estabilidad política.
Cómo implementarlo: La hoja de ruta para 2025
Para pasar del diagnóstico a la acción, se requieren tres pilares de implementación que deben activarse desde el primer día del nuevo año.
1. Digitalización de la Última Milla: Las empresas de distribución eléctrica deben acelerar la instalación de medidores inteligentes (AMI) y sensores en la red de media y baja tensión. No podemos gestionar lo que no vemos. La visibilidad en tiempo real del consumo permite predecir fallas antes de que ocurran y restaurar el servicio con mayor velocidad. Esto aplica igualmente a la gestión del agua y gas; la telemetría es innegociable.
2. Regulación para el Almacenamiento y Servicios Conexos: Los reguladores deben emitir o actualizar las normativas que permitan monetizar las baterías y otros sistemas de almacenamiento. El almacenamiento no solo sirve para guardar energía solar para la noche; sirve para inyectar potencia en milisegundos cuando la frecuencia de la red cae. Esta es la “vacuna” contra la inestabilidad que provocan los picos de demanda estacionales.
3. Integración de la Planificación Energética y Digital: Históricamente, los ministerios de energía y los de telecomunicaciones/tecnología han trabajado en silos. Esto es obsoleto. La planificación de nuevos parques industriales o zonas de centros de datos debe ir acompañada, desde el día cero, del plan de energización. No se pueden autorizar gigavatios de consumo para servidores si la subestación local está saturada. Se requiere una mesa de trabajo unificada que alinee la política industrial con la realidad energética.
Riesgos y Mitigaciones
El principal riesgo para 2025 es la complacencia regulatoria. Asumir que porque el sistema “aguantó” el año pasado, aguantará el siguiente, es un error de cálculo grave. La demanda eléctrica no crece de forma lineal, sino exponencial debido a la electrificación del transporte y la IA.
Riesgo: Saturación de Transformadores. El envejecimiento de los activos físicos es una bomba de tiempo.
Mitigación: Programas agresivos de mantenimiento predictivo basados en IA y renovación de activos críticos antes de su falla funcional.
Riesgo: Ciberataques oportunistas. Durante las festividades, los equipos de seguridad de TI/OT suelen operar con personal reducido.
Mitigación: Implementación de protocolos de “Zero Trust” y automatización de respuestas a incidentes que no dependan exclusivamente de la intervención humana inmediata.
Riesgo: Volatilidad de precios de combustibles. Un invierno crudo en Europa o Asia dispara los precios del gas natural globalmente.
Mitigación: Coberturas financieras (hedging) contratadas con anticipación y diversificación de la matriz energética para no depender de un solo insumo térmico.
Cómo se materializa el valor
El valor de una infraestructura robusta se hace tangible en el Estado de Resultados de las empresas y en el PIB de las naciones. Cuando hablamos de “política energética de fin de año”, no hablamos de conceptos abstractos. Hablamos de la capacidad de una planta automotriz para mantener sus robots soldando sin interrupciones por variaciones de voltaje. Hablamos de la capacidad de un hospital para operar equipos vitales sin depender de generadores diésel de emergencia.
El valor también se refleja en la atracción de talento. Las regiones con infraestructura confiable y políticas claras atraen a ingenieros, desarrolladores y especialistas que buscan ecosistemas estables para innovar. La “fuga de cerebros” muchas veces está correlacionada con la “fuga de capitales” provocada por la incertidumbre en los servicios básicos.
Para el sector público, el valor es la soberanía. Un país que domina su producción, transmisión y distribución de energía, y que posee una infraestructura digital resiliente, es menos vulnerable a presiones externas y choques macroeconómicos.
Cierre
Las luces que vemos en las calles y hogares durante diciembre no deben distraernos de la maquinaria colosal que las hace posibles. Este periodo es un recordatorio de nuestra dependencia absoluta de sistemas complejos de ingeniería y de la necesidad de políticas públicas serias, técnicas y libres de ideología.
El mejor “regalo” que los tomadores de decisiones pueden ofrecer a sus economías para 2025 no es un discurso optimista, sino un presupuesto de infraestructura ejecutado con precisión quirúrgica. La energía y la tecnología son los habilitadores de todo lo demás. Si fallamos en la planificación de estos cimientos, cualquier otra aspiración de crecimiento económico será, inevitablemente, efímera.